El erizo
En la mesa yacía un erizo negruzco que mi padre había capturado por la tarde. Ahora, era de noche y me había despertado el crepitar de una casa que a lo lejos se incendiaba. Este hecho era el porqué, de que mis padres no se encontraran en ese momento en que me pareció ver a aquel animal mover sus extremidades un par de veces. Decidí caminar alrededor del erizo con mis diminutos pies, pensé en tocarlo, pero un ruido irrumpió mi tranquilidad e hizo que volteara en otra dirección. El frio de entonces se recolectaba entre mis dedos formando una especie de movimiento en mi cuerpo y por la ventana triangular de la casa, se estampaba aquella llamarada que envolvía la casa de los Felguerez. A lo lejos el fuego se erguía como espigas de trigo para formar una corona dorada, y el único sonido que se presentaba, no era otra cosa que el chasquido del fuego y las cenizas que caían en forma de bolitas negras al suelo. La sinfonía del fuego me robó por completo la atención, dejando ignorado al eriz...