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Aullido nocturno

  Nunca tuve remedio, es cierto. Nací estrellado como un huevo en mi sartén del mercado, y No hice lo que las convocatorias de poesía querían para llenar sus estantes. Yo Vendí mi alma al diablo por nada y le di mi carne a los perros; callejeros, corrientes, mestizos. Me convertí en petulante y grosero, engreído y lleno de rabia como el perro que murió. Maldecí siempre y Lucre con mi cuerpo y con mi  carne que no servía para nada, Por que Hice añicos mis sueños con una  navaja que ensarte en  las nubes para que lloviera. Por que también aullé debajo de los puentes con una mujer indomable de cabello precioso. Pero jamas traicione a mi vida, Así fuera una porquería y una serie de tumores egoístas como rocas negras de vereda. Así estuviera estrellado como un pájaro en la calle Que se estampa contra el concreto. Por que soy  ese perro de las costillas enfermo, con moquillo y pulgas Que le ladra a los neumáticos, y que   Nunca dejo de ladrar au...

La hora pico

Sobre las pistolas de rayos láser y la hora pico Hace mucho que decayó la televisión. La televisión como producto cultural y de consumo masivo. también para mí tuvo su época de oro, fue por aquellos años gloriosos cuando Miguel Galván salía con unas exuberantes mujeres de tremendos senos. Me refiero a La hora pico.  Por esos años mozos cuando uno apenas y jugaba a las  retas de futbol en el cbtis y no sabía nada sobre Borges o Spineta, rondaban buenos programas de critica y comedia mexicana. Por esos años cuando no había escrito ninguna poema, cuento o ensayo, porque a lo mucho la única palabra que me sabia de memoria era la de mi Tagg de graffietero.   Antes de comenzar  a hacer un poema, hice un graffiti. Recuerdo la primera vez que Sali a la calle, con un amigo y dos aerosoles Acuario, mi amigo que vivía en el mismo barrio decidimos ilegalear algunas de nuestras calles,  tomamos la calle principal, y dibujamos unas taggs en una casa pulcra, blanca,...

Herencia

 Herencia Mientras mis hermanos se hacían bolas con los documentos de las escrituras. Me contempló  bajo el rayo de sol  en mi feroz soledad Y en silencio  Riego una vez más el único regalo de mi madre; El limón.  “ No dejes morir el limón” dijo antes de caer en las manos de la muerte, Y nos dejo para siempre  Lo bello. 

Reflejo

 Reflejo Cuelga una mosca de la telaraña, en aquella esquina del hospital. Un hombre entra herido por urgencias. Afuera brama el hocico de un perro de costillas dibujadas. Es marzo y las flores llenan las banquetas de cemento. Aquí todo el espacio es cloro, alcohol y carne podrida. Por la ventanita la araña camina despacio. Su presa inmóvil Cómo el reloj, ha dejado de luchar, al igual que el herido, Que abre la boca al cielo y en sus ojos opacos como en el espejo la araña devora A la mosca en medio del vacío.

En el fuego.

 En el fuego Por la mañana prepararon a mamá. El día arrojaba su luz dorada en  el rostro de mi padre. Sus pupilas negras brillaban  Y era evidente que el dolor  era aquella llama en su iris. El último rostro de mamá antes de que se la llevarán, era blanco como los lirios de río  Y en sus párpados a contra luz de un espejo ovalado los hacían ver de color purpura. Mi padre contenía  su peso con  las manos en los costados de la silla Y su sombra jugaba en un jarrón de porcelana.  Por la tarde fuimos a la funeraria Y ahí vimos por última vez  El cuerpo de mamá, Entre la corona dorada  del fuego que la consumía. 

El rehén

 El rehén Lo tenían tirado boca arriba, mirando el cielo que estaba limpio, solo azul como un espejo de agua cristalina. A pesar de eso, el calor del medio día hacia sudar los cuerpos de los últimos guerreros jaguar. El hombre caballo, como le llamaban ellos al militar de Cortez, lo habían derribado de su caballo durante la noche triste, el día que el sonido de la muerte pululaba por todas partes. En la madrugada antes de que el primer rayo de sol golpeara el reflejo de la ciudad que se dibujaba en un espejo, la sangre se cuajaba sobre la tierra y el olor a descomposición brotaba por todas las calles de la gran ciudad.  En la noche triste, los últimos guerreros jaguares se habían abalanzado con todas sus fuerzas contra la caballería y de un golpe en la cabeza, el hombre caballo azotó y se desmayó. Por su cabeza se dibujaba una estrella rojiza y la sangre se deslizaba por su sien hasta rodearle el cuello. Al siguiente día, un suave aroma a rio y a lirios despertaron a hombre ca...

El erizo

En la mesa yacía un erizo negruzco que mi padre había capturado por la tarde. Ahora, era de noche y me había despertado el crepitar de una casa que a lo lejos se incendiaba. Este hecho era el porqué, de que mis padres no se encontraran en ese momento en que me pareció ver a aquel animal mover sus extremidades un par de veces. Decidí caminar alrededor del erizo con mis diminutos pies, pensé en tocarlo, pero un ruido irrumpió mi tranquilidad e hizo que volteara en otra dirección. El frio de entonces se recolectaba entre mis dedos formando una especie de movimiento en mi cuerpo y por la ventana triangular de la casa, se estampaba aquella llamarada que envolvía la casa de los Felguerez. A lo lejos el fuego se erguía como espigas de trigo para formar una corona dorada, y el único sonido que se presentaba, no era otra cosa que el chasquido del fuego y las cenizas que caían en forma de bolitas negras al suelo. La sinfonía del fuego me robó por completo la atención, dejando ignorado al eriz...