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Mostrando entradas de marzo, 2024

La hora pico

Sobre las pistolas de rayos láser y la hora pico Hace mucho que decayó la televisión. La televisión como producto cultural y de consumo masivo. también para mí tuvo su época de oro, fue por aquellos años gloriosos cuando Miguel Galván salía con unas exuberantes mujeres de tremendos senos. Me refiero a La hora pico.  Por esos años mozos cuando uno apenas y jugaba a las  retas de futbol en el cbtis y no sabía nada sobre Borges o Spineta, rondaban buenos programas de critica y comedia mexicana. Por esos años cuando no había escrito ninguna poema, cuento o ensayo, porque a lo mucho la única palabra que me sabia de memoria era la de mi Tagg de graffietero.   Antes de comenzar  a hacer un poema, hice un graffiti. Recuerdo la primera vez que Sali a la calle, con un amigo y dos aerosoles Acuario, mi amigo que vivía en el mismo barrio decidimos ilegalear algunas de nuestras calles,  tomamos la calle principal, y dibujamos unas taggs en una casa pulcra, blanca,...

Herencia

 Herencia Mientras mis hermanos se hacían bolas con los documentos de las escrituras. Me contempló  bajo el rayo de sol  en mi feroz soledad Y en silencio  Riego una vez más el único regalo de mi madre; El limón.  “ No dejes morir el limón” dijo antes de caer en las manos de la muerte, Y nos dejo para siempre  Lo bello. 

Reflejo

 Reflejo Cuelga una mosca de la telaraña, en aquella esquina del hospital. Un hombre entra herido por urgencias. Afuera brama el hocico de un perro de costillas dibujadas. Es marzo y las flores llenan las banquetas de cemento. Aquí todo el espacio es cloro, alcohol y carne podrida. Por la ventanita la araña camina despacio. Su presa inmóvil Cómo el reloj, ha dejado de luchar, al igual que el herido, Que abre la boca al cielo y en sus ojos opacos como en el espejo la araña devora A la mosca en medio del vacío.

En el fuego.

 En el fuego Por la mañana prepararon a mamá. El día arrojaba su luz dorada en  el rostro de mi padre. Sus pupilas negras brillaban  Y era evidente que el dolor  era aquella llama en su iris. El último rostro de mamá antes de que se la llevarán, era blanco como los lirios de río  Y en sus párpados a contra luz de un espejo ovalado los hacían ver de color purpura. Mi padre contenía  su peso con  las manos en los costados de la silla Y su sombra jugaba en un jarrón de porcelana.  Por la tarde fuimos a la funeraria Y ahí vimos por última vez  El cuerpo de mamá, Entre la corona dorada  del fuego que la consumía. 

El rehén

 El rehén Lo tenían tirado boca arriba, mirando el cielo que estaba limpio, solo azul como un espejo de agua cristalina. A pesar de eso, el calor del medio día hacia sudar los cuerpos de los últimos guerreros jaguar. El hombre caballo, como le llamaban ellos al militar de Cortez, lo habían derribado de su caballo durante la noche triste, el día que el sonido de la muerte pululaba por todas partes. En la madrugada antes de que el primer rayo de sol golpeara el reflejo de la ciudad que se dibujaba en un espejo, la sangre se cuajaba sobre la tierra y el olor a descomposición brotaba por todas las calles de la gran ciudad.  En la noche triste, los últimos guerreros jaguares se habían abalanzado con todas sus fuerzas contra la caballería y de un golpe en la cabeza, el hombre caballo azotó y se desmayó. Por su cabeza se dibujaba una estrella rojiza y la sangre se deslizaba por su sien hasta rodearle el cuello. Al siguiente día, un suave aroma a rio y a lirios despertaron a hombre ca...