El rehén
El rehén
Lo tenían tirado boca arriba, mirando el cielo que estaba limpio, solo azul como un espejo de agua cristalina. A pesar de eso, el calor del medio día hacia sudar los cuerpos de los últimos guerreros jaguar. El hombre caballo, como le llamaban ellos al militar de Cortez, lo habían derribado de su caballo durante la noche triste, el día que el sonido de la muerte pululaba por todas partes. En la madrugada antes de que el primer rayo de sol golpeara el reflejo de la ciudad que se dibujaba en un espejo, la sangre se cuajaba sobre la tierra y el olor a descomposición brotaba por todas las calles de la gran ciudad.
En la noche triste, los últimos guerreros jaguares se habían abalanzado con todas sus fuerzas contra la caballería y de un golpe en la cabeza, el hombre caballo azotó y se desmayó. Por su cabeza se dibujaba una estrella rojiza y la sangre se deslizaba por su sien hasta rodearle el cuello.
Al siguiente día, un suave aroma a rio y a lirios despertaron a hombre caballo. Estaba desnudo, Abrió los ojos y ante ellos un gigantesco amate amarillento se levantaba entre las nubes. Era claro que no sabía dónde estaba, la boca la tenía seca por el hilo de sangre que se le había adherido a sus labios y sus pómulos parecían quemados por el sol. Los cuatros guerreros jaguares, estaban desnudos en el río lavándose algunas heridas de la guerra, algunos gusanos los colocaban en las florecitas de sangre que se les presentaban en sus cuerpos. Hombre caballo no vio sus rostros mas que atreves del reflejo del agua donde se lavaban el cuerpo. Fue en ese breve instante que los miro. Tenían los ojos obscuros como obsidianas y sus brazos tiznados de manchitas negras. El militar trato de moverse para zafarse, pero era imposible. Se encontraba inmovilizado de todo el cuerpo, apenas y podía respirar y parpadear, además la comezón era infernal y las picaduras de zancudo le habían provocado fiebre y dolores inimaginables. Al segundo día cuando hombre caballo le comenzaron a sangran las encías y tener delirios, pensó en mejor dejar de respirar y morirse, pero no, la fiebre lo durmió por mas tres horas, haciéndolo perder conocimiento del tiempo y de todo.
Cuando al fin despertó por cuarta vez, hombre caballo logro ver a guerrero jaguar mayor cogerse a una perra entre la maleza, donde un enjambre de luciérnagas centelleaba las sombras de los cuerpos. Hombre caballo rezo en silencio y cerro los ojos. Al moverse muy poco, se dio cuenta que estaba hecho un guiñapo. La fiebre había desvanecido un poco, pero la comezón y el dolor de sus articulaciones habían aumentado. Un asco en el estómago lo hizo vomitar sangre. Hombre caballo no podía más, trataba de hablar con ellos en su castellano, implorando y pidiendo por su vida, rezaba incesantemente una y otra vez. Guerrero jaguar no entendían que decía, estaba harto de eso que repetía y repetía. Entonces lo tomaron los tres jaguares de ambos extremos del cuerpo, lo sujetaron al amate de sus pies, le abrieron la boca que no se callaba de rezar y le ataron una cuerda a su lengua que guerrero jaguar mayor sujeto con fuerzas. Los guerreros miraron la puesta de sol que parecía incendiar de luz a toda la ciudad y en ese momento en que se entrelazaba la luz con la sombra de los muros, Jaguar mayor corrió con la cuerda entre sus manos y con toda la rabia adentro, desprendió la lengua del rehén, desprendiéndose con todo y la garganta, las tripas y su esqueleto, dejando la piel pudriéndose debajo de la sombra del amate.
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